E-Topia: “Urban Life – But Not As We Know It”

Reseña del libro de William J. Mitchell, MIT Press (1999)

Por Jorge López

En este simple, pero completo libro, Mitchell nos contrasta la revolución digital y de las telecomunicaciones en la actualidad (y de “su” futuro) con la evolución que hemos tenido los humanos y la tecnología. El autor hace énfasis en cómo las relaciones entre telecomunicaciones, tecnología y arquitectura transformarán nuestro comportamiento y nuestro entorno. El resultado es un argumento bien fundamentado, enfático y algo humoroso que invita al lector a tomar parte de este momento único en la historia para ayudar a crear una nueva era de prosperidad y equidad mundial, una “e-topia” (ciudades servidas electrónicamente y conectadas globalmente), en vez de rendirnos ante lo que a veces puede parecer un viaje abrumador e incontrolable hacia una futura “distopía” llena de desesperación y desigualdad. Con un obvio conocimiento de arquitectura y planeación urbana así como un gran interés por el futuro, Mitchell explora las futuras consecuencias de la revolución digital en el entorno urbano y el ambiente físico que nos rodea, así como en nuestras personas y en nuestra manera de relacionarnos.

Mitchell nos lleva por un recorrido en la historia para mostrarnos el comportamiento del ser humano ante el avance tecnológico. Por ejemplo, señala cómo antes los pozos de agua eran un lugar común de encuentro para las comunidades; a donde uno iba no solo por agua, sino por noticias e interacción social, lo que a su vez llevó al desarrollo de comercios cercanos. Cuando las tuberías de distribución de agua potable fueron inventadas, el abastecimiento de este recurso (así como el ambiente social y económico alrededor de él) se hizo más descentralizado, hasta que la fontanería en los hogares volvió innecesario para muchas personas alrededor del mundo el aventurarse afuera de sus hogares para satisfacer la necesidad de agua. Al mismo tiempo, el área urbana podía expanderse mucho más geográficamente con los nuevos sistemas de distribución de este recurso. Sin embargo, la necesidad de interacción social se mantuvo obligando a dar otro enfoque a los lugares de reunión; así surgieron las plazas públicas, los cafés y los mercados, que comúnmente se localizaban cerca de estos viejos pozos de agua. Este movimiento impulsado por la tecnología de lo central a lo descentralizado no solo ocurrió en el contexto amplio de una comunidad, también ocurrió en el interior de las viviendas mismas.

De manera similar, antes se tenía que ir a un lugar de trabajo, al teatro o a un bar para llevar acabo interacciones sociales, hasta que llegaron los teléfonos y el fax que permitieron que algunas actividades fueran llevadas a cabo sin la necesidad de estar en reuniones donde se vieran las persona; ahora las ‘tuberías’ de distribución de las redes digitales de alta capacidad permiten a muchos llevar a cabo los negocios o las interacciones sociales desde la comodidad de sus hogares.

El aumento en el uso de las redes de comunicación digital remplaza los modos más físicos de transporte y comunicación, trayendo consigo beneficios ambientales.

Aún cuando la tecnología y la comunicación parece que nos llevan hacia lo descentralizado y aislado, la necesidad humana de interacción social cara a cara permanece. Como otros avances tecnológicos en la historia, las acciones de la mayoría de los humanos que tienen acceso a nuevas tecnologías serán el escoger entre todos los tipos de comunicación y tecnologías disponibles basándose en su relación costo-beneficio y dependiendo de las circunstancias de cada interacción.

El impacto en los ambientes urbanos, por lo tanto, será un poco predecible afirma Mitchell. Y, acertadamente, nos pinta un escenario un tanto obvio, en el que argumenta que los humanos que están en una situación económica relativamente buena tendrán acceso a todos los beneficios de la revolución digital y que esto continuará creándoles más riqueza; y que ellos a cambio usarán su riqueza para demandar cada vez más comodidades dentro de los lugares ya establecidos en las áreas urbanas.

De igual manera, Mitchell nos pinta un posible escenario para el otro sector de la población (el sector de bajos recursos) en el que supone, que local y globalmente, aquellos que tienen recursos más limitados y escasos estarán atorados en un mundo de pobreza, cada vez más confinados a vivir en barrios pobres o ‘ghettos’. Supone que en regiones donde la riqueza es baja, la población y el espacio que ocupan están en peligro de aislarse económica y socialmente de otros lugares, quedándose afuera de la nueva y creciente economía digital global, resultando en caminos que llevan a más pobreza. Es en este escenario en donde Mitchell parece estar equivocado, ya que actualmente, junto con el crecimiento de las redes sociales, las tendencias parecen apuntar a una rápida disponibilidad de las tecnologías digitales y de telecomunicación.

De igual manera, Mitchell parece acertar al argumentar convincentemente que estas tendencias no son inevitables y deben ser contrarrestadas de manera proactiva. Al poner cada vez más atención e invertir cada vez más recursos en intentos de un justo y equitativo desarrollo económico internacional y de accesos igualitarios para todos los miembros de la sociedad a las redes de la economía digital, emerge un cuadro bastante diferente. Los aspectos más tecnológicos de la revolución digital que podrían haber llevado al aislamiento, parecen estar abriendo la disponibilidad, a precios razonables y de manera equitativa, de las mismas amenidades y oportunidades que ahora están disponibles para unos cuantos.

“En la era industrial que ya declina hemos exigido a nuestras ciudades demandas cada vez más intensas. En consecuencia, se han ido haciendo cada vez más grandes, mas abarrotadas, mas agobiantes y crispadas y mas desesperadamente presionadas por el trafico y la contaminación… Es inquietante y obvio que no podemos continuar por este camino durante mucho más tiempo.

Pero la revolución digital, junto con la nueva economía de presencia que surge de ella, nos ofrece algunas posibilidades esperanzadoras…

…podemos crear e-topias, ciudades económicas y ecológicas que funcionen de manera más inteligente, no más dura… que siguiendo ciertos principios, podemos llegar a satisfacer potencialmente nuestras propias necesidades sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer las suyas. Podemos aplicar estos principios en las escalas del diseño de productos, de la arquitectura, del urbanismo y de la planificación, así como de la estrategia regional, nacional y global.”

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Mitchell sugiere que en un futuro los principios de diseño permitirán sustituir los grandes objetos físicos por sus equivalentes en miniatura, al no producir un objeto material y utilizar en su lugar un equivalente desmaterializado, nunca se convertirá en un residuo que hay que tratar. También se ahorrarán recursos al sustituir los viajes por las telecomunicaciones: “mover bits es inconmensurablemente más eficiente que mover personas y mercancía”. En cuanto al entorno urbano, plantea que se desarrollarán ciudades policéntricas, compuestas de barrios peatonales que cuentan con todos los servicios necesarios interconectados entre sí por un transporte eficaz y por redes de telecomunicaciones. Existen otros principios de diseño con grandes beneficios, como la personalización en masa, que permitirá suministrar solamente lo que sea necesario para cada persona en un contexto particular; de igual manera al introducir inteligencia en los mecanismos y sistemas de la distribución de recursos se reduce el desperdicio y se aumenta el ahorro al gestionar con eficacia la demanda.

La e-topia de Mitchell nos lleva a experimentar lo que podría ser una era sin precedentes de prosperidad global, donde se minimizan los impactos ambientales y se incrementa la igualdad. “Los lugares físicos y los virtuales funcionarán de manera interdependiente y se complementarán mutuamente dentro de un modelo de vida urbana transformada…” (164). Para los que estamos interesados en la ética y en los ambientes urbanos, este es el momento crítico en la historia de la tecnología en el que decidimos qué camino seguiremos.

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